Luis García Plaza, solución de emergencia al luto perpetuo del Sevilla

Luis García Plaza, solución de emergencia al luto perpetuo del Sevilla

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Matías Almeyda es consecuencia y no causa. Es el fruto amargo de un árbol podrido. Es la herida y no el puñal. Si el Sevilla Fútbol Club vive en un luto perpetuo no es tanto por quienes están pasando por el banquillo, como por un cadalso, sino por quienes se siguen sentando en el palco. Suya es la inestabilidad, suyos son los oscuros intereses y suyo es el maltrato a una entidad que teme bajar a los infiernos. Porque una plantilla hecha con rotos y retales no puede vestir a ninguna afición exigente; nadie en su sano juicio culparía al costurero de semejante prenda. Almeyda intentó llenar con corazón los huecos que el talento iba dejando, pero no fue suficiente y ahora aterriza Luis García Plaza. El balón no se deja engañar tan fácilmente. Manda el pie y no la sangre.

José María del Nido Carrasco asumió la presidencia del Sevilla el 1 de enero de 2024, aunque llevaba tiempo moviendo los hilos en la sombra. La cuchilla no ha dejado de girar desde entonces en esa minipimer que es el Ramón Sánchez-Pizjuán. Para entonces, Monchi -la gran factoría de aciertos deportivos y pararrayos oficial del sevillismo- ya había hecho las maletas. «Si las personas que están por encima mía empiezan a dudar de que yo tengo que tener ese rol, no pasa absolutamente nada», dejó dicho antes de marcharse, como epitafio de una época de oro que la actual dirección decidió desmontar pieza a pieza, tornillo a tornillo, símbolo a símbolo.

Carrusel de entrenadores

Lo que vino después fue un casting de frustraciones: Diego Alonso, Quique Sánchez Flores, García Pimienta, el apagafuegos Caparrós, Almeyda... y ya asoma Luis García Plaza, especialista en salvar equipos que observan el abismo. Nueve entrenadores en cuatro años, una cifra desconcertante para un club que se acostumbró a medir su grandeza por finales europeas y no por vivir su propio Vietnam temporada tras temporada. Nervión es ahora un cementerio de esperanzas.


Víctor Orta, llamado a ocupar el hueco descomunal de Monchi, no encontró ni estabilidad, ni equilibrio en el vestuario, ni ilusión en la grada, ni puntería en los fichajes. Su relevo, Antonio Cordón -el hombre que habló del Sevilla como de un elefante arrodillado al llegar en junio de 2025-, tampoco está enderezando el rumbo del club pese a su experiencia. Eligió a Almeyda como pilar de un proyecto a tres años que se desmoronó en nueve meses. Llegaron futbolistas deficitarios, parche tras parche, cesiones de emergencia y apuestas de saldo para un equipo que había hecho del mercado su seña de identidad. Comprar barato, vender caro, decían antes. Lejos del lo que caiga que dirán ahora.

La temporada de Almeyda empezó con firmeza y pasión, pero duró poco el espejismo. Apenas dos victorias en 2026, una caída libre en la segunda vuelta y un equipo que empezó a competir para no perder, más que para ganar. Sus arengas motivadoras -virales como la que precedió a la goleada 4-1 al Barça en octubre de 2025- quedaron como su único legado, un destello de carácter en medio de la mediocridad colectiva. No se entendieron muchas de sus decisiones. Los futbolistas estaban con él, pero no movió las piezas con audacia. Gabriel Suazo como titular pese a su bajón de rendimiento, un Lucien Agoumé errático, Batista Mendy y Oso en el ostracismo, la desaparición de Akor Adams en momentos clave. Ante el Valencia, en su último partido, la perplejidad fue apabullante, con bandazos tácticos y errores no forzados que terminaron acelerando su salida. El Sevilla lo despidió tras 32 partidos oficiales, con el equipo tres puntos por encima del descenso y después de una derrota que vació completamente el crédito del argentino.

La derrota de Almeyda

Su despedida, con un «me voy con la tranquilidad de haberlo dado todo, con honestidad y respeto por este escudo», sonó a derrota íntima pero también a diagnóstico certero: el problema no está solo en la banda, sino más arriba. Almeyda se marcha sin haber cumplido la primera temporada de su contrato, engullido por una entidad que necesita un nuevo culpable cada primavera.

Y ahora aparece Luis García Plaza, un entrenador con oficio, de pizarra sobria, manos curtidas y poco confeti. Uno de esos técnicos que suelen llegar cuando el incendio ya ha devorado media casa. Tiene detrás una carrera larga, 229 partidos en Primera y aventuras en China y en Emiratos. Ha sido, sobre todo, un técnico de reconstrucción. Un hombre capaz de ordenar equipos, de endurecer pieles blandas, de hacer competir sin necesidad de artificios. Ascendió al Levante, devolvió al Mallorca a Primera y subió también al Alavés, al que luego sostuvo en la élite antes de su salida. Su fútbol no promete fantasía, pero sí rigor, sentido, disciplina táctica y una idea muy clara de lo que cada jugador debe hacer para que el equipo no se rompa. Un antídoto para el reciente barroquismo de Almeyda.

Pero ni siquiera un entrenador así puede garantizar la estabilidad institucional, principal tragedia de este club. Porque hay preocupación. Mucha preocupación. El descenso ladra al otro lado de la verja. Y la Segunda es un cepo para osos. Uno de esos artefactos brutales de los que muchos creen que saldrán enseguida por el peso de su historia, por el tamaño de su escudo o por la memoria de sus noches europeas. Pero luego resulta que no. Que el hierro se clava profundo, que el bosque se queda en silencio y que hay clubes que tardan años en entender que descender no siempre es un camino de ida y vuelta. García Plaza será el encargado de despertar de su pesadilla a los sevillistas. Y sólo nueve noches le quedan por delante para conseguirlo. Nueve jornadas de palcos, cuentas, sustos y pitadas.

Martín Landaluce salva un punto de partido ante Korda y alcanza los cuartos de final en Miami

Martín Landaluce salva un punto de partido ante Korda y alcanza los cuartos de final en Miami

No conforme con dar un salto cualitativo al estrenarse en los octavos de final de un Masters 1000, Martín Landaluce sorprendió a Sebastian Korda, el hombre que eliminó a Carlos Alcaraz en tercera ronda del torneo, y se ganó un sitio entre los ocho mejores del torneo. Lo hizo después de neutralizar un punto de partido al resto con un golpe ganador, cuando el estadounidense dominaba por 6-5 el desempate del segundo set. El español, de 20 años, venció por 2-6, 7-6 (6) y 6-4 y espera rival del encuentro entre Taylor Fritz y Jiri Lehecka.

Campeón júnior del Abierto de Estados Unidos en 2022, Landaluce, que trabaja en la Academia de Rafael Nadal, responde en Miami a los buenos augurios de los especialistas, que siempre vieron en él a un hombre con las características que distinguen hoy a los buenos competidores. Sin bajar los brazos cuando los resultados no llegaban, ha seguido trabajando al lado de Óscar Burrieza, el técnico responsable de tallar el juego de este chaval de 1,93 metros que superó la previa en Miami, después de no lograrlo en el Abierto de Australia y en Indian Wells.

Korda, 25 años, 36º en el ránking y ganador de tres torneos ATP, tuvo problemas físicos después del segundo set y volvió a ser atendido por el fisioterapeuta del torneo ya 0-3 abajo en el tercer parcial. Con todo, recuperó su servicio e igualó a tres.

Muy entero mentalmente, Landaluce, entre cuyas víctimas ya estaba Karen Khachanov, 15º, supo manejarse en los estrechos márgenes del partido para conseguir la victoria más importante de su vida.

Rafa Nadal, investido doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Madrid

Rafa Nadal, investido doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Madrid

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El ex tenista español Rafael Nadal, ganador de 22 'Grand Slams', es investido este martes doctor honoris causa, máxima distinción que concede una institución académica, por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). El deportista recibe la distinción en un acto celebrado presidido por el rector de la Universidad Politécnica de Madrid, Óscar García Suárez. Durante el acto, Javier Durán, profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) de la UPM, actuará como padrino e impartirá la 'laudatio'.

"Este nombramiento, a propuesta de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la UPM, es un reconocimiento a Rafael Nadal, considerado el mejor deportista español de todos los tiempos", recalca la UPM, que destaca del balear sus 22 títulos de 'Grand Slam', el haber sido número uno del mundo, o sus dos medallas de oro olímpicas.

La universidad subraya que el de Manacor, "además de ser una figura indiscutible del deporte, también ha destacado en su vida por la proyección de unos valores humanos ejemplares, basados en el esfuerzo y la perseverancia, cualidades que lo han convertido en un referente dentro y fuera de las pistas de tenis".

"Estos valores coinciden plenamente con los principios de excelencia, integridad, trabajo y solidaridad que la Universidad Politécnica de Madrid transmite a sus estudiantes y a la sociedad", sentencia la UPM sobre el ex tenista, también investido honoris causa el año pasado por la Universidad de Salamanca.

Griezmann dejará el Atlético a final de temporada para ir a Orlando City

Griezmann dejará el Atlético a final de temporada para ir a Orlando City

Era un secreto a voces. Alargado en el tiempo y con momentos en que ahora sí, ahora no. Que si el color del pelo blanquiazul era el de Orlando City, que si a Antoine Griezmann le encanta el deporte americano, que si "él se ha ganado el derecho a decidir" de Simeone o el "tiene dos años más de contrato" de Mateu Alemany. Pero ya por fin el club y el jugador han confirmado que se marcha a final de temporada a jugar en el club estadounidense.

"No es fácil poner palabras a lo que siento, porque este club es mi casa y vosotros sois mi familia", comienza el comunicado de despedida del francés, rebotado en la página oficial del club. "Ha sido un viaje increíble, lleno de partidos inolvidables, de goles, de alegrías y de una pasión que solo los que sentimos el Atleti podemos entender", escribe el delantero rojiblanco, máximo goleador de la historia del club con 211 tantos.

Algunos tan importantes como aquel en la eliminatoria contra Bayern, que permitió la tranquilidad de los rojiblancos tras un asedio bávaro. O el doblete que brindó la segunda Europa League al Cholo frente al Olympique de Marsella en 2018. Como rojiblanco, de hecho, se marcha tras ganar una Supercopa de España (2014), una de Europa (2018) y la citada Europa League (2018).

En el texto puntualiza que continuará con esta camiseta con la ilusión de "levantar esa Copa del Rey y para soñar con llegar lo más lejos posible en la Champions League". "Tenemos por delante todavía muchas oportunidades para ser felices. Quiero que cada minuto que me queda aquí sea un homenaje a este escudo. Queda lo mejor", apunta bajo el epígrafe "The Last Dance", en clara referencia al documental de Michael Jordan y añaden: "everything comes to and end" (todo tiene un final).

"Mi presente sigue siendo rojiblanco hasta el último aliento de esta temporada 2026. Y mi corazón lo será para siempre. Aúpa Atleti", se despide el francés de 10 años como jugador rojiblanco en dos etapas de cinco temporadas cada una.

Por su parte, el Atlético de Madrid, en un aséptico comunicado, ha confirmado la salida del "máximo goleador de la historia de nuestro club" hacia "un nuevo desafío profesional en la MLS el próximo verano" y ha recordado la década que ha pertenecido a la disciplina colchonera. La entidad le había dado su permiso para que cogiera un vuelo tan pronto terminó el derbi en el Bernabéu para viajar a Estados Unidos a cerrar los flecos de su incorporación.

Dos temporadas

El club estadounidense también ha publicado, a través de sus canales oficiales, la llegada del galo y la duración de su vinculación. "Se unirá al club en julio de 2026 con un contrato hasta la temporada 2027-28, con opción a la temporada 2028-29 como Jugador Franquicia", escriben en X.

Son muchos los compañeros que le han escrito en redes sociales para despedir en diferido al francés. Giuliano Simeone ha sido uno de los más cariñosos: "Simplemente leyenda mi hermanito! Juntos hasta el final". Pero también ex jugadores como Mario Suárez le llaman "leyenda" y compañeros como Álex Baena, o la pareja del Cholo, Carla Pereyra, le mandan emoticonos de cariño.

Muere en Las Vegas David Sklansky, 'El Matemático', el hombre que convirtió el póker en una ciencia

Muere en Las Vegas David Sklansky, ‘El Matemático’, el hombre que convirtió el póker en una ciencia

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Nadie ha logrado borrar del todo la imagen del jugador de póker que apuesta de forma compulsiva en una sala mal iluminada y llena de humo, puede que con un as en la manga e incluso con un revólver en la cintura. Podría decirse que David Sklansky, fallecido este martes en Las Vegas a los 78 años, fue quien luchó con más acierto contra el tópico, aunque su victoria está lejos de ser definitiva. Matemático de formación, fue una de las personas más influyentes en la historia del juego, un autor consagrado y una figura habitual en los programas de televisión especializados.

El libro Theory of Poker es una obra fundacional sobre el enfoque científico del juego. En él y en sus otros textos expuso principios teóricos que desafiaban las intuiciones más elementales del ser humano. Su mayor mérito fue adelantarse a la llegada de los solvers, primos hermanos del Deep Blue que derrotó a Kasparov. Por supuesto, las máquinas confirmaron sus teorías, al igual que los modernos programas de ajedrez han validado las ideas geniales de Bobby Fischer.

Sklansky no ganó en las mesas tanto dinero como podría pensarse, al menos en los torneos. Consiguió tres brazaletes en las Series Mundiales de Las Vegas (dos en 1982 y el último en 1983), pero sus recompensas nunca fueron escandalosas. La mayor ascendía a poco más de 400.000 dólares, para un total 1,4 millones en competiciones en vivo. En realidad, le gustaba más jugar partidas "de dinero" y dedicó muchas horas a construir casi desde cero una nueva forma de afrontar el juego, que rompía de forma radical con la tradición. Los jugadores más jóvenes quizá ni siquiera lo conozcan, pero seguro que aplican sus enseñanzas sin saberlo, al menos los que tienen éxito.

Teorema fundamental del póker

Nacido el 22 de diciembre de 1947 en Teaneck, Nueva Jersey, Sklansky llegó al póker a través de los números y desde un trabajo como evaluador de riesgos. Dicha formación, que como ahora sabemos era la idónea, chocaba de forma frontal con el estilo de juego de su época, en la que predominaban el instinto y la experiencia, aderezados con todos los faroles posibles.

Cuando llegó a Las Vegas en los años setenta, los grandes jugadores no sabían explicar muchas de sus decisiones. Sklansky, apodado El Matemático, fue capaz de convertir en números los pensamientos más abstractos o los impulsos que a otros les salían de las tripas. Esa virtud no era incompatible con tener un don para las palabras. Su teorema fundamental del póker decía algo así: "Cada vez que juegas una mano de forma distinta a como lo harías si pudieras ver las cartas de tu rival, él gana. Y cada vez que él juega su mano de forma distinta a como lo haría si pudiera ver tus cartas, tú ganas".

Puede parecer un trabalenguas, pero Sklansky explicó algo contraintuitivo y genial, válido en casi cualquier actividad humana. En la vida también puedes tomar una decisión equivocada y ganar, o hacer lo correcto y perder. Lo difícil es desligar la decisión del resultado. En una frase, El Matemático cambió la forma en la que los profesionales empezaron a analizar sus jugadas, pero su sistema iba mucho más allá, por supuesto.

Las fórmulas de Sklansky funcionaban a largo plazo, como demostraron luego los programas informáticos. Asimismo, enseñó a varias generaciones a distinguir entre errores explícitos, los que se ven porque cuestan dinero de inmediato, y errores implícitos, que suponen ganar menos de lo posible. Él demostró que estos últimos, que parecen irrelevantes, son tan importantes como los primeros, aunque mucho más difíciles de detectar.

Autor prolífico

En total, Sklansky escribió en solitario o con otros autores un total de 18 libros sobre póker y juego. Durante el boom de comienzos del milenio, llegó a tener tres títulos a la vez entre los cien más vendidos de Amazon. Seguía trabajando a buen ritmo y su última obra apareció en diciembre de 2023, firmada junto con Mason Malmuth, su colaborador habitual.

Sklansky no fue un personaje sin aristas. El pasado mes de enero fue detenido en Las Vegas, acusado de violencia doméstica, aunque fue liberado poco después sin cargos. Por otro lado, rechazó hasta en dos ocasiones la posibilidad de entrar en el Poker Hall of Fame, porque no comulgaba con todos los jugadores ya elegidos.

Otra de sus frases podría servirle como epitafio: "En el póker, si eres mejor que los demás, ganas dinero de inmediato". En la letra pequeña, una enseñanza más: "Si sé algo del juego que el otro no sabe, y si no está dispuesto a aprenderlo o no puede, me llevo su dinero". Como saben ahora todos los buenos, el póker no es un juego de cartas, sino de personas.

Paula Badosa: "Estoy lejos de mi mejor versión, pero esa versión sigue dentro de mí"

Paula Badosa: “Estoy lejos de mi mejor versión, pero esa versión sigue dentro de mí”

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Paula Badosa reconoció que está "lejos" de su "mejor versión", pero afirmó que "esa versión sigue dentro" de ella, y que quiere ser "recordada por demostrar que fue capaz de salir", en una publicación realizada en sus redes sociales después de quedarse fuera del top 100 mundial.

Badosa fue eliminada el pasado sábado en la segunda ronda del Masters 1000 de Miami contra la estadounidense Iva Jovic por 6-2 y 6-1. Con ese resultado, la española caía hasta la posición 113 de la clasificación de la WTA, en la que había llegado a ocupar el segundo puesto.

"Hay algo que tengo claro: siempre lo intentaré con todas mis fuerzas. Haré lo que haga falta. Sé que estoy lejos de mi mejor versión, pero también sé que esa versión sigue dentro de mí", expresó, en una carta que terminó con un agradecimiento al apoyo que le prestan sus seguidores.

"No seré recordada por ser la que más títulos gane, pero quiero ser recordada por esto. Por demostrar que Paula fue capaz de salir. Y que ese niño o niña que esté pasando por un momento difícil piense en mí y diga: 'Si ella pudo, yo también'. Para eso sigo aquí", añadió.

"Paula no está de vuelta... pero lo estará"

La española, nacida en Nueva York, se mostró vulnerable: "A veces siento que no puedo controlar las voces dentro de mí. Las emociones son demasiadas y me veo superada. Las dudas se apoderan de mí y me siento perdida en un mar de emociones. Hay días en los que siento que tengo la fuerza suficiente, y otros en los que la montaña es demasiado grande y me pregunto si seré capaz".

"Una vez más, voy a demostrar que puedo salir. Será muy duro, pero prometo seguir hasta conseguirlo. Y aunque ahora no salgan las cosas, y haya mil opiniones... Seguiré. Y seguiré", recordó.

"Paula no está de vuelta... pero lo estará", concluyó su publicación la tenista, que afronta ahora la temporada de tierra batida.

El oscuro legado de Inglaterra 1966: arbitrajes, polémicas y una generación castigada por el alzhéimer

El oscuro legado de Inglaterra 1966: arbitrajes, polémicas y una generación castigada por el alzhéimer

"(...) Y quiero terminar diciendo: cuando tras el partido de ayer el capitán inglés alzó con sus dos manos la Jules Rimet, el cuervo de Edgar Allan Poe declaró a los periodistas acreditados: 'Nunca más, nunca más'. Y, de seguro, como las próximas Copas van a ser disputadas en terreno neutral, nunca más Inglaterra conseguirá imponer su fútbol sin imaginación, sin arte, sin originalidad." Así cerraba Nelson Rodrigues, célebre escritor y periodista brasileño, su elegíaca crónica final de la Copa del Mundo de 1966, ganada por Inglaterra. Tanta irritación tuvo una causa que ya podía adivinarse desde la elección de árbitros: un obsceno enjuague de Stanley Rous, exárbitro él mismo y presidente de la FIFA por ese tiempo. Un gran hombre que ordenó la redacción del Reglamento en 1938 con todas las reformas introducidas desde 1863 y una sencillez que favoreció su expansión universal. Pero, según Pedro Escartín, el santón arbitral de nuestra historia, "en 1966 le pudo más el impulso inglés que su respeto por el fútbol y estropeó su legado". Al menos consiguió ser nombrado 'sir'.

Para saber más

Se anunció que habría dos árbitros por país: en el caso de Inglaterra, Finney y Howley. Pero a la hora de la verdad aparecieron dos más, McCabe y Dagnall, más tres —Taylor, Clement y Crawford— que hicieron de linieres. Aún habría que añadir al escocés Phillips y al irlandés Adair, que arbitraron, y al galés Callaghan, como linier, sin que sus selecciones participaran. En el conjunto de sus tres partidos, Brasil se encontró siete británicos en la suma de los tríos arbitrales. En el primero, ante Bulgaria, Pelé salió tan golpeado que no pudo jugar el segundo, contra Hungría; en el tercero y decisivo, con un trío arbitral íntegramente británico, el portugués Morais completó su demolición, le dejó inútil, Brasil perdió y se quedó fuera. Había acudido al Mundial como gran obstáculo para Inglaterra, que sentía el derecho y la obligación de ganarla, porque acababa de celebrarse (1963) el centenario de la creación del fútbol.

En vista del revuelo por las designaciones en la fase de grupos se anunció que la de los árbitros de cuartos de final se haría en plenario del Comité de Árbitros, seis miembros, entre ellos Escartín. Pero se les convocó a las diez de la noche del 20 de julio para reunirse a las nueve de la mañana del 21 en Londres. Escartín estaba en Sunderland como informador del Chile-URSS, y también el ruso Latychev, delegado permanente en ese grupo. Al sueco Lindeberg le pilló en Sheffield. En ningún caso había tren que llegara a Londres antes de las once de la mañana, así que la reunión se limitó a Rous, su fiel Aston, presidente del Comité, y el malayo Ko. Para el Inglaterra-Argentina pusieron un árbitro alemán, Kreitlein; para el Alemania-Uruguay, un inglés, Finney. Kreitlein expulsó al capitán argentino, Rattin, que protestó insistentemente por las reiteradas faltas de Stiles sobre Onega; en cuanto a Finney, con 0-0 dejó pasar un puñetazo bajo el larguero de Schnellinger a un balón que se colaba, gesto perfectamente captado por las fotografías; luego aprovechó el enfado y las intemperancias de los uruguayos para dejarlos con nueve.

Aquellos sucesos abrieron una herida en Sudamérica que sangró durante años y explican la irritación de Nelson Rodrigues. Y a todo ello habría que sumar dos manos ignoradas en el área inglesa en la semifinal contra los portugueses y el gol fantasma de Hurst en la prórroga de la final contra Alemania.

El irritado escritor ha venido teniendo razón hasta ahora. Fuera de su isla, los inventores no han vuelto a ganar la Copa del Mundo. En México, con gran parte aún del equipo campeón, cayeron en cuartos ante Alemania, dulce revancha. Luego fueron incapaces de clasificarse para Alemania 1974 y para Argentina 1978. Regresaron después, pero nunca han vuelto a ganar un Mundial, ni siquiera han sido finalistas. Tampoco han ganado ninguna Eurocopa.

Aquella Inglaterra tuvo ayudas, desde luego, pero también fue un gran once (Banks; Cohen, Jackie Charlton, Wilson; Stiles, Moore; Ball, Hunt, Bobby Charlton, Hurst y Peters) con tres jugadores extratipo: el meta Gordon Banks, el medio defensivo y capitán Bobby Moore, y el delantero centro móvil Bobby Charlton, el mejor de todos. A ellos podría sumar al interior goleador Jimmy Greaves, pero sufrió un corte en la pierna durante el tercer partido del grupo, ante Francia, y le sustituyó hasta la final, y no sin polémica, Geoff Hurst, autor de tres goles en la misma. Un logro que nunca había conseguido nadie antes y que sólo Mbappé ha igualado después.

Sólo Hurst sigue con vida. El resto nos han ido dejando con una coincidencia inquietante en la mitad del equipo titular: el alzhéimer. Sería grosero conectarlo con la maldición de Rodrigues; más bien prefiero mirarlo como un último servicio al fútbol de un buen grupo de jugadores que, en su despedida, dejó una voz de alarma que el fútbol finge escuchar, pero no lo hace. Preferimos mirar para otro lado.

Una imagen del polémico gol de Hurst.

Una imagen del polémico gol de Hurst.E. M.

Jackie Charlton, central, con 85 años; Ray Wilson, lateral izquierdo, con 83; Nobby Stiles, medio, con 78; Martin Peters, extremo, con 76; y Bobby Charlton, alma de la delantera, con 86, hermano del primero de la lista; incluso el meta suplente, Peter Bonetti, con 78: todos ellos fallecieron de alzhéimer o tras un tiempo incapacitados por alguna enfermedad neuronal enajenante. Y no hay seguridad sobre si lo padeció o no el interior Roger Hunt, fallecido a los 83 "tras una larga enfermedad", según el escueto comunicado familiar, después de que por bastante tiempo no se supiera nada de él. Gordon Banks falleció de cáncer de riñón a los 81 años. A Bobby Moore se lo llevó con 51 un cáncer intestinal y al extremo Allan Ball un ataque cardíaco que le sorprendió en el jardín de su casa a los 62. El último en dejarnos, el lateral derecho George Cohen, falleció con 86, y aunque no se anunció la causa de su muerte, sí se sabe que estuvo mucho tiempo luchando contra un cáncer intestinal. Dedicó los últimos años a recaudar fondos para la investigación de esta enfermedad, que había matado prematuramente a su capitán Moore, y también para la del alzhéimer, impresionado por la forma en que atacó a tantos de sus compañeros. Anunció que, a su fallecimiento, donaría su cerebro a la ciencia. El mismo propósito ha hecho público Hurst, el último superviviente.

Las alarmas sonaron por el caso de Bobby Charlton dada su condición de mito nacional. La familia comunicó que padecía alzhéimer en 2020, lo que llevó a recordar el gran número de compañeros del equipo campeón que lo habían padecido, entre ellos su hermano Jackie. Se daba la circunstancia de que cuatro tíos maternos de los hermanos Charlton habían fallecido también de alzhéimer, lo que podría sugerir un factor hereditario, pero los cuatro habían sido también futbolistas, lo que devolvía las sospechas a este deporte. La muerte del mito se produjo en 2023, con 86 años, internado ya en el centro para personas con demencia de Knutsford, cuando perdió el equilibrio y su cabeza golpeó con un radiador.

Con el conocimiento de que el gran Bobby sufría la dolencia, cobró relevancia e impulso la lucha que desde 2002 mantenía la familia de Jeff Astle, un delantero centro de los años sesenta y setenta que hizo lo mejor de su carrera en el West Bromwich Albion, fue mundialista en México 1970 y se retiró tras 16 años, 437 partidos y 216 goles. Falleció en 2002. Su hija, Aslyn Astle, contó: "Tenía 59 años, pero parecía que tuviera 89". Hacía tiempo que no reconocía a nadie, pasaba el día sentado, murió por atragantamiento porque el cerebro no pudo enviar la orden de expulsar la comida, atascada en la garganta.

La familia, convencida de que su penosa condición había sido causada por tantos balones cabeceados, obtuvo dictamen judicial de que había fallecido de una enfermedad laboral; crearon la Fundación Astle e interesaron a organizaciones académicas y civiles. En 2014, el neurólogo Willie Stewart, de la Universidad de Glasgow, que examinó su cerebro, dictaminó que tenía "exactamente el mismo aspecto que esperas ver en el de un boxeador". La diagnosis fue encefalopatía traumática crónica, enfermedad neurodegenerativa asociada a la acumulación de golpes en la cabeza. Aslyn Astle declaró en la ABC: "Cuando supe que el fútbol le había matado me puse en contacto con la FA y les pregunté qué iban a hacer al respecto. Al poco tiempo recibí una carta desagradable". Salieron a relucir muchos más casos: Tommy Carroll, Stevie Chalmers, Chris Chilton, Jimmy Conway, Duncan Forbes, Alan Jarvis, Frank Copel, Billy McNeill, Barry Pierce, Mike Sutton, John Talbut, Mike Tindall... Aslyn Astle contó que se pusieron en contacto con ella las familias de estos jugadores, de muchos otros menos conocidos, y la de uno de los campeones de 1966, que prefirió mantener la reserva, pero la animó a seguir la investigación.

Estudios

Un estudio realizado por su impulso en 2019 con una muestra de 7.676 futbolistas profesionales escoceses nacidos entre 1900 y 1976 y comparado con el de 23.000 individuos de la misma época aleatoriamente escogidos arrojó un dato inquietante: el porcentaje de afectados por enfermedades neurodegenerativas era tres veces y media mayor entre los futbolistas que entre el común de la población. El caso llegó a la Cámara de los Comunes en 2020 y la conclusión fue que no existen medidas suficientes para monitorear las lesiones cerebrales consecuencia del deporte, lo que dejó la cuestión en el aire. ITV entrevistó al alimón a Tom Charlton y a John Stiles, hermano e hijo de jugadores afectados, y ambos expresaron su convicción de que los cabezazos debían de ser la causa.

Muchos lo discuten por la dificultad de imaginar el fútbol sin el juego de cabeza. Arguyen que los balones son ahora más ligeros, porque aunque el peso inicial es el mismo que fue reglamentado hace ya mucho, ahora están impermeabilizados y no aumenta por el agua los días lluviosos, como tiempo atrás, si bien a cambio viajan a más velocidad. También sostienen que rarísima vez un balonazo provoca una conmoción, que éstas suelen llegar más por choques entre cabezas, contra el suelo y contra un poste. Y que el alzhéimer también afecta a no cabeceadores, casos de Banks y Bonetti. Pero demasiados especialistas sostienen que cabecear el balón como práctica habitual provoca microrroturas arteriales en el cerebro idénticas a las de los boxeadores, sin necesidad de llegar al KO. Preguntada Aslyn Astle sobre si su padre hubiera sido partidario de eliminar el juego de cabeza, contestó: "Seguramente no. Pero hubiera sido partidario de tener información sobre las consecuencias''.

Las reacciones, impulsadas por los sindicatos de jugadores (el inglés, que aporta siete millones de libras anuales a investigación y ayudas afectados), han sido tímidas: prohibir el cabeceo en infantiles, limitarlo en los entrenamientos de profesionales y permitir un sexto cambio en caso de conmoción. El fútbol teme este debate.

La terapia de Arbeloa en el Madrid, el "hermano mayor" de un vestuario resucitado

La terapia de Arbeloa en el Madrid, el “hermano mayor” de un vestuario resucitado

«El fracaso está en el camino hacia el éxito. Esta derrota me va a hacer mejorar a mí y nos va a hacer mejorar a todos». Dos meses después de una de las noches más humillantes de los últimos años, superado en la prórroga por un equipo de Segunda División, Álvaro Arbeloa predijo en la sala de prensa del Carlos Belmonte de Albacete el futuro a corto plazo del Real Madrid. Lo hizo con convencimiento en mitad de las dudas que rodeaban al vestuario, al club y a su propia figura, elevada a entrenador del primer equipo tras varios años en el Juvenil y seis meses en el Castilla. Parecía poco bagaje, pero el salmantino aterrizará en abril tras haber ganado a Mourinho, Guardiola y Simeone y todavía vivo en la pelea por la Liga y la Champions.

«Los jugadores no se esperaban a alguien tan preparado», aseguran a este periódico fuente cercanas a la plantilla del conjunto blanco. El equipo venía de unos meses de frustración, acumulando la impotencia del último tramo de Carlo Ancelotti, las polémicas internas y mediáticas de la etapa de Xabi Alonso y las necesidades de una plantilla que era un puzle sin completar. No parecía tener una solución fácil y en Valdebebas se veía a Arbeloa como una respuesta de emergencia. Casi un tiro al aire. Un parche temporal antes de la llegada de un entrenador con mayor peso.

17 partidos más tarde, la sensación es otra, especialmente después de un mes de marzo que puede ser clave en el proyecto del entrenador novato. La derrota en Albacete en Copa, en Lisboa en el último encuentro de la fase liguera de la Champions League y ante Osasuna y Getafe en Liga parecían torpedear por completo la temporada de los blancos, pero en las últimas semanas el técnico y el grupo han reaccionado. Cada uno a su manera.

La charla del cambio

Cuerpo técnico y vestuario tuvieron una charla de grupo después de caer ante el Getafe, con José Ángel Sánchez, director general del club, también presente. Esa conversación fue importante para abrir en canal los problemas del equipo, pero la clave ha estado en Arbeloa. Aprovechando la desgracia de las lesiones de Bellingham y Mbappé, el entrenador ha creado un Madrid comprometido y sólido. Un bloque construido sobre Rüdiger, Tchouaméni, Valverde y Vinicius y que ha tenido en Huijsen, Güler o Brahim a secundarios de lujo. Además, la apuesta de Arbeloa por Thiago Pitarch ha servido de estímulo para parte del vestuario, que ha visto en la valentía del técnico con la cantera una advertencia gigantesca.

«Habla con ellos como un hermano mayor, como si les conociera de toda la vida», explican en la ciudad deportiva de Valdebebas. Ese famoso «sofá gris» que Arbeloa ha mencionado en varias ruedas de prensa ha servido de psicólogo grupal. Por ahí han pasado Vinicius, Valverde o Brahim, este último hace sólo un par de semanas, para tratar de reconectar al grupo con la realidad. Tres nombres vitales para el vestuario que se han hecho grandes en marzo. «Es directo y muy claro con ellos. Y a nivel futbolístico explica las cosas de forma muy sencilla. Se lo hace fácil», insisten voces cercanas al vestuario.

Lo más comentado ha sido cómo Arbeloa ha tratado de acercarse al grupo a través del elogio público, a veces desmesurado, pero todas esas declaraciones han calado en una plantilla que ha demostrado que reacciona mejor ante el cariño. «Tengo un equipazo. Cuando están tan implicados como están ahora, cuando tienen esa mentalidad... Quiero que se demuestre el poder de la amistad. Antes tenía la sensación de que salíamos a jugar dependiendo del talento, de lo que se le ocurriese a cada uno. Tenemos que tener una idea y un estilo», reflexionó el domingo tras ganar el derbi.

Del fracaso en Albacete a un marzo extraordinario hay dos meses y un Madrid totalmente diferente gobernado ahora por el «hermano mayor» Arbeloa.

Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García, un hombre de pueblo capaz de conquistar el mundo

Mariano García García tiene un nombre de lo más corriente. Un nombre de gente de pueblo y del pueblo. Y eso es él: un hombre nacido en Fuente Álamo, una pequeña población murciana del Campo de Cartagena y que vive en Cuevas de Reyllo, una diminuta pedanía de Fuente Álamo. Lo del topónimo Reyllo proviene de una familia ilustre de la zona. Alonso Hernández Reyllo fue uno de los capitanes del Infante Don Alfonso, que más tarde reinaría como Alfonso X, apodado El Sabio.

Mariano también es un sabio en lo suyo, en las carreras de mediofondo, que domina tácticamente desde la desinhibición de competir, el placer de correr y, a ser posible, la alegría de ganar. Y un propagandista del menosprecio de Corte y alabanza de aldea. Gracias a él, esa miniatura de lugar, de unos 1.500 habitantes, posee algo de lo que no puede presumir ninguna otra localidad de cualquier tamaño de las que forman el tejido geográfico y sociológico español. Puede enorgullecerse de tener a un vecino ilustre al que conocen millones de personas, al que han visto triunfar millones de personas de todas partes. Alberga a un campeón del mundo de atletismo en pista cubierta. A Mariano García García.

García al cuadrado y campeón mundial al cuadrado. Alguien que ya obtuvo ese título en los 800 metros de Belgrado 2022 y ahora lo ha conseguido en los 1.500 de Torun 2026. Nadie nunca ha logrado ese doblete. Y de propina, el oro al aire libre del Europeo de 2022. Mariano es, pues, igual de exclusivo que de corriente. Igual de original que de sencillo. Igual de único que de moliente.

Mariano es un "paleto". Y a mucha honra. Un tipo natural apegado al terruño. El mundo se extiende ante sus ojos, pero para él cabe en las cuatro casas del burgo y sus alrededores, y en el triángulo de tierra de 300 metros en el que se entrena a las órdenes desde siempre de Gabi Lorente, que compaginó durante tiempo su labor docente con la de panadero. Lorente es uno de esos magníficos técnicos que trabajan en la sombra para que sus pupilos toquen el sol.

Un atleta heterodoxo

Seguramente Mariano, que empezó a correr de chaval como alma que lleva el diablo porque siempre había algún perro suelto que le ladraba o le perseguía, añora los sonidos externos e íntimos de la tierra cuando está concentrado en las silenciosas alturas de Sierra Nevada. Pero ser un campeón, incluso heterodoxo, tiene sus servidumbres.

En la autenticidad de su concepto de los entrenamientos y la vida cotidiana, no le llaman las sofisticaciones actuales. Sin embargo, no deja de ser un atleta de élite y ha cambiado la nutrición. Ya no se alimenta de lo que quiere y cuando quiere, sino lo que debe y como debe. Y aunque lo suyo son los espacios abiertos y los olores, colores y sabores de la infancia prolongada por ellos, se introduce a veces en una aséptica cámara de hipoxia en los Alcázares.

Nadie en España ha compaginado con tanto éxito los 800 y los 1.500. Nadie procedente de la distancia inferior ha saltado a la superior con tanta facilidad y provecho. Es verdad que los 1.500 no le son del todo desconocidos. Ya los practicó de júnior. Pero hasta ahora forjó su carrera en los 800. Su marca en el kilómetro y medio es hoy anecdótica (3:35.53). La mejorará ampliamente este verano, en el que le aguarda en agosto el Europeo de Birmingham y en el que deberá decantarse por una de las dos distancias.

Ha pasado malos momentos deportivos que, en la plenitud de sus 28 años (cumplirá 29 en septiembre) frenaron su progresión. Se perdió los Juegos de Tokio por culpa de una apendicitis y los de París a causa de distintas lesiones. Aunque no es Robert Redford o George Clooney, podría protagonizar una película parecida a "El hombre que susurraba a los caballos" o "Los hombres que miraban fijamente a las cabras", porque, según él, "habla con las ovejas". Pero esta afirmación suya es la burlona y deliberada metáfora de una vida voluntariamente simple, aunque él no lo sea en absoluto. Ni simple, ni vulgar, ni anónimo. Con manifestaciones de ese tenor está dirigiendo un mensaje de amor a la cuna junto a una confesión de fidelidad.

Mariano tiene también una voz y un acento pueblerinos. Sonaría artificial si tratara de disfrazar la una y disimular el otro. Mariano se desplaza con un estilo que sería tosco si no fuera poderoso. Un tranco seguro y firme. No en balde se le apoda La Moto. Por devoción a Valentino Rossi empuña el invisible manillar imitando la aceleración de la máquina. En el atletismo no hay nadie más original, ni más desenfadado, ni menos acomplejado. Y es nuestro.

Blanca Hervás, el rostro del nuevo atletismo español: "Flipo cuando me llaman elegante"

Blanca Hervás, el rostro del nuevo atletismo español: “Flipo cuando me llaman elegante”

Entre carrera y carrera, a Blanca Hervás apenas le daba tiempo para acudir al hotel, intentar comer algo -«pero tenía el estómago cerrado»- y dormir. De viernes por la mañana a domingo por la tarde, una proeza en Torun, de donde regresa con un botín que todavía le cuesta asimilar: dos medallas mundiales bajo techo, su primera final individual, su marca personal (51.43) y cinco carreras de 400 metros en sus piernas, a cuál mejor. «Estoy muerta», confiesa a EL MUNDO camino al aeropuerto. Aunque sobre todo, la madrileña de Valdemarín vuelve como el reflejo del nuevo y pujante atletismo español.

Para saber más

El estallido de Blanca no es casualidad. Tiene que ver con una fulgurante evolución física pero también con una liberación mental. El regreso a los orígenes, al club «de toda la vida» en Majadahonda, donde ingresó con ocho años y se enganchó porque se lo pasaba bien. «Los viajes me diferenciaban de la gente del cole», recuerda de aquellos días joviales.

El siguiente paso fue el salto a EEUU, donde compaginó el atletismo con su carrera de Comunicación en la Universidad de Florida. Fueron años plenos en lo vital pero no tanto en lo deportivo. «Fue una experiencia única, la repetiría mil veces. Aunque deportivamente tuve mis momentos peores», explica sobre una entrenadora y un sistema que le llevaron «al límite». «Ella no entendía lo que estaba sufriendo mentalmente y de hecho lo empeoraba. Tuve muchos problemas de confianza y de seguridad. Estaba bien físicamente pero no lo trasladaba a la competición. Fue poner un pie en España, juntarme con mi entrenador de toda la vida [Julio Rifaterra] y devolverme la la pasión por el atletismo que dejé de tener».

«Aquello me curtió», sigue. El año pasado todavía compaginaba su trabajo de media jornada como Product Manager con el deporte. Pero en diciembre tuvo que elegir. Se había quedado a cinco décimas de la mínima Mundial. «A la vuelta de Tokio hice un poco en ese análisis y pensé: 'Jolín, y si hubiese estado un poquito más descansada...'. Y entonces lo replanteé y hablé con mi jefe, que en todo momento lo entendió», detalla. Era el momento de hacer la «apuesta 100% por el atletismo», porque a Blanca aún le costaba creerse «una profesional»: «Estoy viviendo el sueño de niña, pero yo me veía como una persona normal que tiene que trabajar. Se me sigue haciendo raro no hacerlo».

Técnicamente, Hervás es pura elegancia. Algo que le repiten constantemente: «La gente me llama elegante y yo flipo porque yo sólo corro, la verdad... Sí que creo que uno de mis puntos fuertes es el correr suelta. Me da confianza e igual inconscientemente lo he ido exagerando». Pero para el 400 la fuerza es indispensable. De ahí el cambio físico, horas de gimnasio. También son «los pies». «Así lo llama mi entrenador. Algo que trabajamos mucho. La reactividad, los tobillos. Siempre me lo dice, cree que es mi punto fuerte en esos últimos metros. Cuando el cuerpo dice basta, me salvan los pies», analiza.

Blanca Hervás, en Torun.

Blanca Hervás, en Torun.RFEA

Aunque, si algo destaca ella misma de su salto es «la confianza». «La clave real del cambio es cómo me voy conociendo y cómo voy aprendiendo a correr 400, escuchando a mi cuerpo. Me he dado cuenta en este Mundial de que iba detrás de alguien, enganchada, y tenía una seguridad plena en que al final iba a tener fuerza para pasarla», se sorprende a sí misma de ese cambio final demoledor.

Después de lo deportivo, de los objetivos por venir (el Europeo de Birmingham, bajar de 51 segundos al aire libre...), la otra parte del éxito es el impacto mediático, que a los 23 años de Blanca le cuestan asimilar. Es imagen de New Balance, de Toyota... «Flipo. Y estoy muy agradecida por la repercusión, por todos los mensajes positivos. Con la gente que se emociona conmigo. Quiero exprimirlo, todo lo que me pueda beneficiar a nivel personal, que me impulse para lograr mis objetivos».

Hay que volver a Torun. A su gesta. Sólo en el primero de su repóquer de 400, el viernes, estuvo por encima de 52 segundos, una marca que hace no tanto ni se imaginaba rebajar. Superó sin problemas esa serie inicial, tomó el rebufo de Lieke Klaver en semifinales para lograr el primer hito, estar entre las ocho mejores del mundo. Eso sería el sábado, pero antes, por la mañana, tenía plaza en la final del novedoso relevo mixto. Cualquiera, egoísta, hubiera optado por descansar. «Lo que hemos en los relevos es increíble. Estoy agradecida a mi cuerpo, porque me ha permitido pasar todas las carreras. Tenía que ir con mil ojos, porque en cualquier momento me podía romper», explica de un cansancio que se empezó a acumular seriamente.

Blanca Hervás, durante el Mundial de Torun.

Blanca Hervás, durante el Mundial de Torun.RFEA

Su actuación en el mixto fue apoteósica. La última posta, como hace menos de un año en el Campeonato del Mundo de Guangzhou. Otra remontada, aquella de oro, esta de plata. Un poco de festejos y a la final individual, por la tarde, en la que acabó sexta pero corrió el mejor 400 de su aún incipiente trayectoria. El domingo quedaba la traca final, aunque descansó en la clasificación del relevo femenino. En el desenlace, otra vez adelantando por el bronce casi en la misma línea de meta (se quedó a pocas centésimas de la plata). «Después de esa última carrera, me emocioné muchísimo, rompí a llorar mirando atrás y viendo el fin de semana».