Pep Guardiola ya está jugando el partido de este martes contra el Real Madrid. El Manchester City necesita remontar el 3-0 de la ida en el Santiago Bernabéu y el técnico catalán decidió cancelar el entrenamiento de su equipo en la previa del encuentro. "Prefiero que se queden en casa", dijo. A su lado, Bernardo Silva, acompañante en la rueda de prensa oficial de UEFA. Ahí sí aparecieron los representantes del conjunto británico, pero no en el césped, a donde saltarán, según su entrenador, el mismo martes por la mañana, unas horas antes del duelo decisivo ante los blancos.
"Entrenamos mañana martes. Tengo claro cuál será mi once. Si juegas bien, te sientas bien mentalmente... Si pierdes, al revés. La semana pasada estábamos en Madrid, viajamos tarde... No pudimos dormir. Luego fuimos a Londres para jugar contra el West Ham, llegamos ayer y hoy hay que recuperarse. No hay tiempo para entrenar y prefiero que los jugadores se queden en casa. Ya lo he hecho dos o tres veces esta temporada", explicó Guardiola, que repitió esta decisión antes del duelo ante el Borussia Dortmund en la liguilla. El resultado, 4-1 para el City. Un marcador que este martes le llevaría a la prórroga contra el Madrid.
En su discurso ante los medios, Guardiola evitó hablar de "fracaso" en caso de caer derrotado contra los blancos. Evitó dramas, grandes decisiones después del partido o grandes problemas. "Hay bastantes más desgracias en el mundo que caer eliminado", insistió. "Hemos hecho eliminatorias extraordinarias contra el Madrid y otras veces hemos quedado fuera, ¿es fracaso? Lo que ustedes digan", cuestionó a la prensa.
"Vosotros lo calificáis cada vez que pasa como la gran decepción pero, ¿cuánto dura el titular? ¿un día? ¿dos noches? Cuatro balas por aquí, cuatro balas por allí... Pues se sigue, el sol va a salir y hay bastantes más desgracias en el mundo que caer eliminado", repitió. Y puso el foco en el Madrid: "¿Cuántas Champions ha ganado el Madrid? 15. ¿Cuántas ha jugado? 100, pues ha perdido más que lo que ha ganado. La Quinta del Buitre es el mejor equipo que yo he visto hasta el Dream Team del Barça y no la ganó, pero hizo un gran bien al fútbol español. ¿Es un fracaso? Yo le diría que no, que hicieron un gran bien al fútbol".
Sobre el duelo, reconoció que "no tengo un plan específico". "Hay que hacer un partido perfecto los 90 minutos. Somos capaces de marcar cuatro goles, ese no es el problema. En los primeros 15/20 minutos de la ida llegamos mucho... y ellos marcaron tres goles en tres oportunidades. Es difícil lidiar con algo así. Hay que seguir porque nunca se sabe".
El italiano Jannik Sinner conquistó este domingo el primer Masters 1.000 de Indian Wells de su carrera, al doblegar al ruso Daniil Medvedev 7-6(6) y 7-6(4) en la final y al terminar el torneo californiano sin ceder set alguno.
Sinner, número dos del mundo, incrementó a 11 su racha de victorias consecutivas en los Masters 1.000, después de cerrar 2025 con un triunfo en París.
El italiano, de 24 años, luce ahora en su palmarés los seis Masters 1.000 en pista rápida tras cortar el gran momento de forma de Medvedev (n.11), que había eliminado a Carlos Alcaraz en las semifinales.
Necesitó una hora y 55 minutos Sinner para hacerse con el triunfo en el desierto y para llevarse su novena victoria en 17 precedentes contra Medvedev, un rival que le había doblegado en las primeras seis ocasiones.
Cien victorias en los Masters 1.000
Fue el título número 25 de la carrera de Sinner y la victoria número 100 en los Masters 1.000, en los que tiene un balance de 100 victorias y 29 derrotas. Tuvo que sufrir hasta el final Sinner para llevarse la primera manga ante un Medvedev que siguió luciendo el nivel visto 24 horas en la semifinal ganada a Alcaraz.
Sinner, que tuvo un problema en un pie al comienzo del encuentro, sin mayores consecuencias, consiguió dos bolas de rotura en el séptimo juego, pero Medvedev logró anular ambas y llevó el partido al desempate.
El equilibrio fue evidente incluso en el 'tie-break', cuando ambos jugadores mantuvieron sus turnos al saque hasta el 6-6. Medvedev anuló la primera bola de set del italiano con el saque, pero en el punto siguiente entregó el servicio. Sinner hizo valer esa minirotura y se llevó el primer set por 7-6(6) cuando el cronómetro marcaba exactamente una hora.
Máximo equilibrio
Fue un momento clave del partido para Sinner, ante un Medvedev que tan solo cometió nueve errores no forzados en esa manga. El italiano, por su parte, estuvo impecable a la hora de atacar la red, con siete puntos ganados de siete en esa posición.
El guión no cambió en la segunda. Los dos tenistas se encomendaron a sus saques y no hubo bola de rotura alguna. Fue necesario un nuevo desempate para dirimir la manga. Y esta vez Medvedev lo tuvo todo a favor. Se puso arriba 3-0 y 4-1, con dos turnos al saque por aprovechar. Pero Sinner tuvo una reacción contundente.
Encadenó seis puntos consecutivos y selló la victoria con un definitivo 7-4 para levantar al cielo su primer título en Indian Wells con una racha abierta de 22 sets seguidos a favor.
El italiano, que presiona a Alcaraz para la primera posición en el ránking mundial, llegará en gran forma al Miami Open, que arranca en Florida este miércoles con el propio Alcaraz como primer favorito y con la baja notable del serbio Novak Djokovic, frenado por unas molestias en el hombro derecho. EFE
Joan Laporta logró una victoria más que contundente en las elecciones a la presidencia del Barça de 2026. Quizás, incluso, más que lo esperado de antemano. Con 32.934 votos, un 68,18%% del total de 48.480 emitidos tanto en Barcelona como en las sedes habilitadas para tal efecto en Lleida, Girona, Tarragona y Andorra, lo que dejó la participación en un 42,34% del censo, superó a un Víctor Font que sumó 14.385 apoyos, un 29,78% del total de votos emitidos.
Fue, de hecho, el cuarto triunfo de Laporta en unas elecciones a la presidencia del Barça, en un periplo por la presidencia del club que arrancó en verano de 2003, se prolongó a partir de 2006 sin que siquiera hubiera comicios, dado que nadie logró reunir las firmas necesarias para ello y que, tras perder frente a Josep Maria Bartomeu en 2015 (en gran parte, gracias al triplete conquistado en la temporada 2014-15 de la mano sobre todo de Leo Messi), arrancó de nuevo en marzo de 2021 y que se prolongará ahora, de acuerdo con los actuales estatutos del club, hasta el final de la temporada 2030-31.
A lo largo de toda la jornada, de hecho, Laporta supo moverse en el escenario electoral como solo él sabe hacerlo, sin dejar de lado incluso su perfil más populista. Por mucho que el anfitrión, oficialmente, fuera el encargado de tomarle el relevo una vez presentada su dimisión, un Rafael Yuste que fue en su anterior mandato su vicepresidente primero y máximo responsable del área deportiva, quien acompañó sin paños calientes a todos y cada uno de los VIPs que se acercaban a depositar su voto en la carpa habilitada para tal efecto en los aledaños del Spotify Camp Nou fue el propio Laporta.
Así, a lo largo de la mañana, apareció en la foto junto con Jordi Pujol, Aitana Bonmatí, Danny Cruyff, Sergio Busquets o el actual ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Víctor Font, mientras, insistió en hacer cola para votar, pese a que podría haberse ahorrado tal trámite, y no supo explotar esa faceta descarada, en el buen sentido, a la que tanto juego sabe sacarle el de nuevo máximo dirigente barcelonista.
Acaparando el foco
Por la tarde, una vez acabado el partido, Laporta supo estar perfectamente atento para buscar nuevas instantáneas y vídeos con los que, unos minutos antes, habían sido los protagonistas sobre el césped y el banquillo por parte del bando barcelonista. Por un lado, varios jugadores, entre los que estaban Dani Olmo, Raphinha, Pedri, Pau Cubarsí o Ronald Araujo. Incluso, celebró al bote con algunos de ellos lo que parecía que, más que el triunfo del equipo por goleada ante el Sevilla, era el propio en las urnas. Algo que fue recibido con profundo malestar por parte de la candidatura encabezada por Font.
Pero, sobre todo, destacó la imagen buscada al lado de un Hansi Flick que, pese a escudarse por prudencia en el secreto del voto para evitar desvelar su preferencia, no dudó a la hora de darle su firma a Laporta. E, incluso, aunque después daría un pasito para atrás, llegó a deslizar que no se veía en el banquillo si no era con él en la cúpula.
Con solo la mitad del escrutinio, la derrota de Font parecía ya un hecho tan inamovible que el propio candidato saltó a la palestra para dar su valoración de la jornada. "Obviamente, quiero felicitar a Joan Laporta, el presidente electo, por la victoria incontestable en las urnas. En segundo lugar, quiero agradecer también su participación a los más de 40.000 socios que se han movilizado y han demostrado que tenemos aún la suerte de poder decidir quién está al frente de la institución, especialmente a los que nos han dado su apoyo", apuntó.
"Es obvio que no hemos alcanzado los resultados que esperábamos, pero quiero remarcar que nos habría gustado que la participación fuera más alta de lo que ha sido. Esperamos que sea la última vez que el proceso sea así, hay que modernizar la institución", dejó caer, en referencia, más que posiblemente, a que se produzca con vistas a los próximos comicios la implementación de un voto correo que sí existió en 2021, de manera excepcional a causa de la pandemia de Covid-19.
Para Víctor Font, lo que explica la victoria de Laporta fue, ante todo, el buen momento deportivo que vive la entidad. "Es evidente que la pelotita y los resultados deportivos cuentan mucho. Eso y la vuelta al Camp Nou ha estado muy por encima de otras cosas de las que los socios, según nos consta, no están satisfechos", apostilló, muy poco antes de que el propio Laporta acudiera a interactuar de manera cordial con él, en un momento que fue capturado por los medios que siguieron una jornada que había arrancado casi a primera hora de la mañana de este domingo.
García Márquez escribió que la música de Pérez Prado era como un «golpe de Estado contra la soberanía de los ritmos conocidos». El músico cubano afincado en México era ya calificado como el Rey del Mambo, el mayor divulgador de una suerte de sincretismo musical, porque el mambo es, al igual que la santería, una manifestación de la herencia africana en el Caribe. Joan Laporta no ha dado un golpe de Estado. Todo lo contrario. Aferrado al mástil del proyecto deportivo, renueva su mandato en un club que tiene todas las virtudes y vicios de las viejas democracias: participación y debate, pero también cainismo, rencor e intrigas. Todos quieren al Barça con la misma intensidad que se odian entre sí. Entre las miradas de la sala de baile del Camp Nou nadie se mueve como Laporta, pese a los kilos de más y sus 63 años. Quizás no sea el mejor presidente, pero era el mejor candidato, capaz de adaptarse a cualquier melodía y mandar en la pista sobre su pareja, sea Negreira, Xavi, Messi, Víctor Font o Florentino Pérez. Es el Rey del Mambo.
Estamos ante el Laporta más Laporta, más transparente en lo personal, aunque esa transparencia sería de desear en algunas de las operaciones realizadas por el Barcelona. Como en las antiguas empresas con deudas, y la del club azulgrana es colosal, hay que hacer muchas pelotas. Ahora le llaman palancas, pero es lo mismo: adelantar ingresos, hipotecar el futuro. Ello no implica necesariamente que se cometan ilegalidades, aunque pueden vulnerar las reglas de los reguladores, Liga y UEFA.
Javier Tebas miró hacia otro lado con las primeras palancas, porque necesita al Barça para dos equilibrios: el económico y el institucional en esta interminable guerra del fútbol. No se puede estar contra todos, salvo si eres Florentino. Ni siquiera, pero hay monarquías donde nadie le dice al rey que va desnudo por palacio.
La UEFA, por su parte, ya ha advertido y multado al Barça, aunque con rebajas. El no a la Superliga es el pago. Veremos si con esa decisión se costea también lo último del caso Negreira, ya que cuando acabe el proceso penal con condenas, por nimias que sean y aunque no afecten a Laporta, la sentencia llegará a Nyón.
Una campaña llena de minas
El reelegido presidente ha sorteado una campaña electoral llena de minas. Acostumbrado a atacar, como buen cruyffista, ha tenido que defenderse, fuera de Negreira, de Xavi y hasta de un socio anónimo que puso una querella en la Audiencia Nacional por varios delitos económicos, entre ellos blanqueo de capitales. Un asunto escabroso, sucio, con detectives implicados por ambas partes y muy peligroso en dos direcciones: para los acusados y para los que acusan. Si fuera cierto el rastro que se pretende establecer desde la firma New Era Visionary Group, con sede en Dubai, hasta el entorno del presidente, este mandato sería el de Laporta el breve; si no lo es, que se siga la pista del origen de los papeles.
Cómodo en el populismo que le lleva a saltar en la grada y hacer una butifarra (corte de mangas), lo mismo que a cocinar macarrones, subirse a un tractor o ayudar a un deteriorado Jordi Pujol en la urna, Laporta señala a Madrid cuando se siente acosado, del mismo modo que Donald Trump hace con los ayatolás. Crea una amenaza y tendrás prietas las filas. Eso funciona. Hasta Florentino le ha copiado, con un ejercicio de laportismo en la última Asamblea del Madrid, en la que cargó contra el arbitraje, la Liga y la UEFA, como si existiese una confabulación judeomasónica contra uno de los equipos más queridos y admirados del mundo. Con ese maniqueísmo ninguno intenta proteger a su club, sólo a su gestión, a sí mismos.
Laporta es uno de los presidentes que pagó a Negreira y esa pregunta le perseguirá siempre. A todo ha vuelto a responder el dirigente en su nuevo libro, Así salvamos el Barça (Now Books, 2026), presentado durante la campaña. «Invito a todos aquellos que nos acusan de corrupción arbitral con tanta ligereza y frivolidad a que especifiquen el partido, el gol, la jugada o el acto sospechoso de favoritismo como resultado de este asesoramiento técnico. Durante setenta años, los socios, ex jugadores o ex directivos del Madrid nombraron a los árbitros que debían impartir justicia en cada uno de los partidos. ¡Ese fue el mayor escándalo de la historia del fútbol español!», explica en el libro, donde defiende la contratación de la constructora turca Limak, entre otras razones, para no crear tensiones "políticas" con la elección de una española. Curioso.
Laporta y Hansi Flick, en las urnas.EFE
Del despido de Koeman, de la era Xavi o hasta del no regreso de Messi habla en sus páginas: «¿Soy tu entrenador?», dice que le preguntó Koeman. «Y yo le digo: 'Ronald, para mí eres una leyenda; yo lloré en Wembley, pero tengo que decirte que no lo eres'. No se lo tomó nada bien. (...) 'Lo que pienso hacer -añadí- es decidir el entrenador que quiero', que era Hansi Flick, pero entonces estaba entrenando a Alemania y no podía ser. Por eso, finalmente, lo mantuvimos: 'Si no puede ser él, ya está bien que continúes'».
Tampoco lo era Xavi, que, vinculado de nuevo a Font en esta campaña, tildó de mentiroso a Laporta en una entrevista en La Vanguardia. Xavi bajó del altar a las cloacas del barcelonismo, un viaje innecesario, dado su colosal legado como futbolista. El rencor es siempre un mal consejero. El mediocentro también atacó a Laporta por la supuesta dependencia de su ex cuñado, Alejandro Echevarría, muy influyente en las decisiones del club sin ostentar cargo. La realidad es que nadie como Xavi atendió a los consejos de Echevarría en el pasado. Menos una vez. «No vengas», le dijo cuando Mateu Alemany y Jordi Cruyff lo tentaron en Qatar. Sabía Echevarría que Xavi, como Koeman, no era el entrenador del presidente. Si le hubiera escuchado se habría ahorrado un periodo autodestructivo para su figura, que no colma una Liga.
Xavi, tras votar en las elecciones.EFE
La realidad es que después de la salida de Xavi y la llegada del Flick, todo cambió. El instinto de Laporta volvió a acertar en lo que más importa al soci, como había sucedido en el pasado con Fran Rijkaard o Pep Guardiola.
A Laporta también le han vuelto a preguntar por la vinculación que su ex cuñado tuvo con la Fundación Francisco Franco. «En el Barça caben todas las formas de pensar», dijo en TV3, en un regate más difícil que el de Negreira, porque llega desde dentro, y porque le sitúa frente a su propia contradicción: no ha habido mayor centralismo que el franquismo.
Echevarría no tiene que dar ninguna explicación, fiel a su pragmatismo y capacidad para relacionarse, y a observar el fútbol con cierto relativismo y lejos de la pasión arrebatadora del presidente. De las pasiones de forofos están hartos los futbolistas, razón por la que acabaron por acercarse y escuchar al cuñado. Xavi, Iniesta y Messi, entonces, como ahora Lamine Yamal. El día que apuñalaron a su padre, Echevarría auxilió a su familia, y el día de la jornada de reflexión, la estrella que personifica el éxito deportivo actual ligado a la Masia, puso una foto suya con Laporta y dos corazones. Esa influencia no se logra con un mambo.
Joan Laporta afronta un aparente last dance al frente del Barça con varios retos por delante. De acuerdo con los estatutos del club publicados en 2021, dentro de cinco años no podrá optar a la reelección. Únicamente permiten dos mandatos consecutivos, en busca de evitar que un presidente prácticamente se eternice, como ocurrió con un Josep Lluís Núñez que estuvo 22 años al frente de la entidad. Al final de la temporada 2030-31, ya habrá cumplido cumplido 69 años y tendrá que esperar a que termine el mandato de su sucesor para optar a volver a ponerse al frente del club. Algo que, por supuesto, no parece ahora muy probable. Pero que, de hecho, a decir verdad, tampoco sería imposible.
A lo largo de estos próximos cinco años, si no se produce ninguno de esos cataclismos que a lo largo de este siglo XXI han provocado que se adelantaran en algunas ocasiones de manera inesperada los comicios, Laporta trabajará para dejar un legado tangible tanto en lo patrimonial como en lo económico y lo deportivo. Desde el punto de vista patrimonial, finalizar de una vez por todas las obras de un Spotify Camp Nou que acabarán por alargarse finalmente hasta septiembre u octubre de 2027, según indican ahora todas las previsiones, es sin duda la más importante de ellas. El propio presidente no dudó en destacar la valentía de su junta por no esperar más y tirar adelante una reforma profunda de la que se habló durante mucho tiempo, incluso en sus primeros mandatos, pero que no llegó a tomar forma hasta 2023, con las obras de demolición de toda la estructura no protegida por ley. El montaje de la cubierta, la guinda final, no tendrá lugar hasta el año que viene.
Un nuevo Spotify Camp Nou que, de hecho, es solo la guinda del pastel de un Espai Barça con el que la directiva espera conseguir también pingües beneficios, y en el que la que debe ser la segunda joya de la corona, un nuevo Palau Blaugrana, está aún pendiente de ver el inicio de sus correspondientes obras. De acuerdo con los estatutos de la Euroliga, el club barcelona debe contar con un recinto capaz de albergar un mínimo de 10.000 espectadores (en el actual Palau caben cerca de 7.600 como máximo) y el futuro hogar de las secciones profesionales azulgrana, uno de los grandes orgullos de la entidad, tendrá capacidad para unos 15.000. Además de los diferentes partidos, está previsto que pueda albergar otros eventos, como posibles conciertos, tal y como hace actualmente el Palau Sant Jordi en la montaña de Montjuïc.
Restañar de una vez por todas la delicada economía del club que, de acuerdo con los números presentados en 2021, acumulaba pérdidas multimillonarias tras la etapa de Josep Maria Bartomeu al frente de la entidad, envueltos desde hace mucho tiempo en un halo de sospecha por parte del siempre convulso entorno barcelonista de haber sido al menos levemente exagerados, es el gran reto en lo económico. Fundamentalmente, se trata de poder volver a la tan ansiada norma del 1.1 para poder fichar sin depender de palancas o recursos ante los tribunales. Las últimas inscripciones de fichajes han sido llevadas a cabo casi como un encaje de bolillos y no hay que olvidar tampoco la intervención del CSD, a principios de 2025, para Dani Olmo y Pau Víctor pudieran seguir inscritos en LaLiga y la agria polémica que se desató entonces.
Con el 1.1 bajo el brazo, apuntalar convenientemente el proyecto de Hansi Flick al frente del primer equipo azulgrana con la llegada de los convenientes refuerzos será también más sencillo. Por lo menos, en principio. A pesar de que el alemán elogia siempre que tiene la oportunidad el trabajo de La Masia, y añade hechos a sus palabras apostando sin dudarlo por jóvenes canteranos, no le haría ascos a reforzar la plantilla. Es poco probable que el mercado ofrezca una oportunidad tan de oro como lo fue el pago al Espanyol de la cláusula de Joan García, su indiscutible número uno bajo los palos. Apuntalar especialmente el centro de la zaga y, sobre todo, encontrar un recambio adecuado en punta para un Lewandowski que podría dejar el club este verano serían sus prioridades.
Honor al rugby de Portugal, que este domingo contra pronóstico ha batido a Georgia (17-19) para hacerse con el Campeonato de Europa. Rompe la racha de ocho títulos caucásicos consecutivos y confirma que el crecimiento exhibido en el último mundial no se detiene. Este domingo ha firmado en Leganés un partido precioso, pleno de valentía y madurez para derrotar a la rocosa Georgia.
Porque jugar contra Georgia, fortísima en el combate, áspera como una lija y al límite del reglamento, equivale a un extenuante ejercicio de resistencia. Portugal ha querido ir más lejos. Ha propuesto su plan desde el principio, haciendo circular el oval a lo ancho, moviendo a la defensa, cruzando balones rasos a las espaldas, anchísimas espaldas, de los caucásicos. Sin embargo, los dos golpes de castigo obtenidos no pasaban entre los palos. Con los minutos Georgia comenzó a crecer. Balón y empuje hasta meterse en la 22 rival, percutir, percutir y percutir. Aguantó Portugal las embestidas hasta que en el 25 Georgia posó, en uno de sus mauls letales, junto al banderín (5-0). Quirúrgica como acostumbra, todavía firmaría otro ensayo con una melé avasalladora para abrir hueco antes del descanso (12-3).
Los Lobos lusos han recuperado el timón al regresar al campo. Con posesión, ahora sí, en la 22 georgiana, divisando ya la línea de ensayo. Cada placaje, un choque de trenes. Conquistaba Portugal un golpe de castigo centrado (12-6) para entrar con vida en los 20 minutos decisivos. Su apertura, Cabral, cruzaba una patada 50/22 y a la salida el equipo rozaba la marca. Se quedaba otra vez a un palmo de la línea prometida. Sumaba tres puntos de un golpe de castigo (12-9) que sabían a poco. A Georgia, por mal que lo pase, siempre le queda el maul. Con uno imparable ha posado por tercera vez (17-9, minuto 67).
Con el agua al cuello han apretado los portugueses, que se han dado el lujo de sacar un golpe de una melé georgiana (17-12) y, al siguiente envite, tras otra infracción que dejaba al rival con un jugador menos, regresar a la 22. Ahí, a la tercera, llegó el ensayo de Pinto que remontaba la final (17-19, minuto 73) con la transformación de Vareiro, mejor jugador de este partido decisivo. La intensidad subió todavía más con las brutales cargas georgianas, el impenetrable muro luso, el éxtasis del quince ibérico y de sus seguidores.
Es la segunda mala noticia para Georgia en tres días, después de que el viernesla Agencia Mundial Antidopaje confirmara la suspensión de seis jugadores de su selección. Aunque es cierto que no han participado en esta edición, el número de sancionados y la implicación de un miembro del staff ponen en cuestión la versión que reduce el incidente al uso de drogas recreativas.
España salva el bronce en la segunda mitad
El Campeonato de Europa acaba con alivio para la ciclotímica España, que disparó su euforia plantando cara a domicilio a Georgia en la fase de grupos y se vio desactivada en semifinales por la defensa de Portugal. La resaca de esa derrota ha dejado tocado y destemplado al XV del León. Pareció salir más fuerte que Rumanía, pero se fue enfriando, con el partido disputado al ritmo del medio melé visitante Conache, paciente para manejar la posesión -un 69% rumana en este primer tiempo-, avanzar hasta la 22 española, exprimir cada maul, buscar la corpulencia de sus tres cuartos. Con 0-3 a favor de los visitantes una tarjeta roja no reemplazable al rumano Immelman ha dejado a su equipo en inferioridad para el resto del encuentro.
Ni así ha tomado el mando España, muy exigida en el contacto. Las rupturas que ha conseguido el conjunto de Bouza, con Nieto siempre listo para la arrancada, han muerto, como en Lisboa, en pérdidas de balón. Muy pocas oportunidades y sin fruto. Un ensayo del ala Bonaparte y un drop han llevaron hasta el 0-11 la ventaja rumana y la inquietud a la grada. Richardis aprovechó un golpe centrado para reducir diferencias (3-11) y el arreón final no tuvo premio. A esta España desvaída le venía bien el descanso.
Pero regresó igual. Concediendo tres puntos (0-16) y perdiendo la primera touche, su refugio de seguridad. A los Robles les bastaba con rebañar balones en el ruck. Por fin a partir del minuto 45 se ha lanzado el quince de Bouza a desplegarse en horizontal. De lado a lado, con paciencia ha fabricado el ensayo de Laforga (10-14). Ahí España se vino arriba. Con los hombre de refresco en el campo, robó una melé en la 22 rumana, movió y Saleta se escapó para posar y empatar (17-17).
A partir de ese momento, a falta de 20 minutos, la batalla en el suelo ha cambiado de dominador. La defensa local ha robado dos retenidos, se ha ido a la touche en la 22 rival y ha sumado otros dos ensayos. En total, cuatro seguidos en 20 minutos, el ataque volvía a carburar. A los visitantes les pasaba al fin factura la inferioridad, aunque en una muy notable actuación, se mantenían en el partido con los tiros a palos convertidos por Conache (23-29, min 74). El quince de Bouza se enganchó a la trinchera. Los rumanos encadenaron más de 20 fases en la 22 española pero no pudieron llegar a la línea.
Este trabajado tercer puesto recompensa a los aficionados presentes en Butarque. "España ya no sorprende", decía el seleccionador Pablo Bouza. Pronostica partidos muy complicados y llama a mejorar: "Con esto no nos alcanza, lo vengo diciendo desde que nos clasificamos al mundial, necesitamos jugadores que lleguen mejor físicamente, con más competencia y más competencia entre ellos". El choque de este domingo, con el pobre inicio y la victoria final, sirve de aprendizaje.
"El rugby tiene que estar limpio"
El seleccionador español no ha entrado a fondo en la sanción de la Agencia Mundial Antidopaje a seis jugadores georgianos por sustitución de muestras de orina para evitar los controles, aunque sí ha lamentado la tardanza con la que se ha conocido la decisión. "No entiendo por qué sale ahora, había que sacarlo antes, el rugby tiene que estar limpio", ha manifestado Pablo Bouza.
Un hat trick de un Raphinha que parece haber recuperado su mejor forma justo a tiempo, impulsado por dos penaltis provocados por un Cancelo que redondeó otra destacada actuación defensiva con un gol, fueron al final determinantes para que el Barça se deshiciera del Sevilla a pocos días de jugarse el todo o nada con el Newcastle en la Champions. [5-2: Narración y clasificaciones]
Dani Olmo, en la recta final del primer tiempo, se encargó de poner el momentáneo 3-0 para los de Hansi Flick, que reservó durante un buen rato a Lamine Yamal en el banquillo y le dio la titularidad en la zaga al joven Xavi Espart, mientras que Oso y Sow, por su parte, marcaron los tantos visitantes. El retorno a los terrenos de juego de Gavi, quien recibió el alta médica el sábado, fue también una excelente noticia para los barcelonistas en una jornada marcada también por las elecciones a la presidencia del club.
Los de Flick echaron tierra de por medio muy pronto. Gracias a dos penaltis con Cancelo como protagonista y transformados por un Raphinha que no dio opción a Vlachodimos. El primero, a lo Panenka. El segundo, con un disparo prácticamente pegado al poste derecho de la portería sevillista. La segunda pena máxima, eso sí, precisó de la intervención del VAR, después de que el contacto en la mano de Carmona pasara inicialmente inadvertida para Martínez Munuera. Dani Olmo, a asistencia de Bernal, pondría en la recta final del primer tiempo un 3-0 que Oso, en el añadido y sin marca, en el único error de Espart en el lateral derecho barcelonista, se encargó de convertir en el 3-1 con el que se llegó al descanso.
Si el Sevilla aspiraba a meterse en el partido con ese tanto, sus esperanzas se desvanecieron pronto. Seis minutos después de que arrancara el segundo tiempo, Raphinha, con un remate afortunado, remachó su particular hat trick para dejar el duelo prácticamente visto para sentencia llevando al marcador un 4-1 que Cancelo, diez minutos más tarde, se encargaría de ampliar con el 5-1. Casi dos años después de su último gol como azulgrana. Con el partido solventado, Flick incluso pudo permitirse contentar la unánime petición de la afición para que Gavi, que volvía a una convocatoria tras pasar por el quirófano en septiembre, tuviera minutos sobre el césped. Incluso, llevando el brazalete de capitán, después de que Araujo, que lo había recibido de Raphinha, se lo cediera. Sow, al límite del tiempo reglamentario, maquillaría un poco el resultado con el definitivo 5-2.
Volvieron las sonrisas a los despachos de la Fórmula 1 porque el nuevo formato híbrido podría ser entretenido, divertido incluso. La segunda carrera de la temporada, celebrada en el circuito de Shanghái, mostró las lágrimas del adolescente Kimi Antonelli por su primera victoria en el Mundial, el enfado de George Russell por quedarse en segunda posición y la discusión interna que empieza a gestarse en Ferrari entre Lewis Hamilton y Charles Leclerc. Hubo adelantamientos de verdad, incertidumbre en los puestos de podio y los pilotos disfrutaron al volante. ¿Todos? No, no todos.
Los McLaren han pasado de las alegrías de la temporada pasada a las penas, sin poder competir; todo son calamidades para Max Verstappen, que tuvo que retirarse; y otros como Carlos Sainz y Fernando Alonso siguen sufriendo en sus lentos monoplazas. Sainz sumó dos puntos y se negó a celebrarlo; su Williams le atormenta. Alonso, en cambio, estuvo en peligro por culpa de su Aston Martin. En sus 20 años en el campeonato, el español ha vivido de todo, pero tiene por delante algo inédito: se está jugando el físico sin mediar accidentes.
La agonía de Alonso
Como ocurrió en el estreno de Melbourne, Alonso volvió a ofrecer una clase magistral de salida y llegó a rodar noveno, pero después no hubo curva en la que no fuera adelantado. Hiciese lo que hiciese, caía a la cola del pelotón; no había remedio. Si aguantaba a los rivales durante unos giros, acababan superándole por velocidad. Si acertaba con la estrategia —optó por neumáticos duros— y escalaba hasta el undécimo puesto, poco tardaba en regresar atrás. Tal fue su desánimo que llegó a saludar con la mano a Checo Pérez cuando este le adelantaba en pista. En su primer paso por boxes avisó de un problema en el Aston Martin y una vuelta después, en la 33, se retiró.
EFE
El coche ya no se podía conducir. El motor Honda provoca vibraciones que destrozan el cuerpo de los pilotos y llega un momento en que no hay quien lo aguante. En su última vuelta, Alonso tenía que ir soltando el volante para paliar el dolor. «Me retiré porque las vibraciones del motor eran excesivas y diferentes. A partir de la vuelta 20 no sentía las manos ni los pies. He intentado aguantar, pero ya íbamos una vuelta detrás del resto y no tenía sentido seguir perdiendo sensibilidad», aseveró, y añadió: «Con las vibraciones puedes rodar, pero a base de dar vueltas, en media hora o 40 minutos tienes problemas».
Eso sí, Alonso encontró un rincón de satisfacción en medio del naufragio. «Lo más divertido que hay ahora mismo son las salidas. Todos tenemos la misma batería y nuestro coche sale bien. La primera vuelta es de instinto y no es el campeonato del mundo de pilas que tenemos ahora mismo», comentó, crítico tanto con la organización del Mundial como con su propio equipo, del que se desvinculó públicamente. Cuando le preguntaron si el Aston Martin podría ser más rápido dentro de 15 días, en el Gran Premio de Japón, esquivó la respuesta: «Pregunta al equipo. Mis planes están claros hasta Japón: volver a casa, descansar, entrenar fuerte y preparar la carrera de forma correcta. Ojalá en Honda hagan los deberes y podamos ver algún progreso». Suerte tiene que se anularan las dos carreras de abril, Bahrein y Arabia Saudí, por la situación en Oriente Próximo.
Los puntos de Sainz
Con el abandono de Lance Stroll, en el garaje de Aston Martin todo eran caras largas; igual que en el garaje de Williams. Carlos Sainz obró un milagro, acabó noveno y sumó dos puntos, pero igualmente se negó a celebrarlo. Su carrera guardó un gran parecido con la de Alonso: arrancó 17º, tiró de oficio para adelantar a coches mejores y aprovechó los abandonos ajenos para pescar en río revuelto. Cuando el coche de seguridad salió justo después de su parada en boxes, pareció que la carrera se le escapaba, pero aguantó en los neumáticos duros hasta el final.
«Desgraciadamente voy tan lento que no me voy divirtiendo, voy haciendo lo que puedo con lo que hay. No he tenido ritmo para aguantar a los de delante; vamos a cuatro o cinco décimas de la zona media, así que ni estamos en esa pelea», admitió. Y luego, con una mezcla de alivio y resignación: «Cuando he visto la oportunidad de ganarle a Colapinto y a los que se iban por ahí peleando, he conseguido aguantar delante y traer a casa un top 10, que ahora mismo para nosotros es oro».
«¿A qué no tienes cojones de salir y ganar la etapa?». Un preparador del UAE desafiaba a Isaac del Toro en la salida de la segunda etapa del Tour Down Under de 2024. Cuatro horas después, el chaval (entonces 20 años y debutante en una prueba UCI World Tour) se imponía a Corbin Strong y Biniam Girmay en la meta de Lobethal. «A un mexicano nunca le digas que no tiene cojones», exclamó el fino corredor al técnico que le había provocado con la intención descubrir si atesoraba coraje y gen ganador. «En ese momento comprendí que Del Toro estaba hecho de una pasta especial», recuerda el auxiliar, que ahora se congratula con la progresión y el fenomenal inicio de temporada del escudero de Tadej Pogacar.
Isaac del Toro se anotó este domingo la general de la Tirreno-Adriático, ronda en la que también conquistó la etapa reina. Un triunfo que se une al conseguido en el Tour de UAE (general y dos jornadas). Nadie supera al mexicano en este curso. Con 22 años y cuatro meses ya acumula 26 victorias, un registro sólo al alcance de los privilegiados. A su edad, Pogi tenía 21.
«Ha aprendido rápido en el espejo de Pogacar», dicen los preparadores de UAE. El mexicano, que perdió el último Giro de Italia por un error de juventud, crece como nadie. Escala con soltura y es veloz en finales en rampa, fue tercero en la última Strade Bianche. Se parece al genial esloveno, a quien auxiliará el próximo sábado en las ascensiones a la Cipressa y al Poggio de la obsesiva Milán-San Remo. En La Classicissima volverá a vigilará a Van der Poel, ganador de dos etapas en Tirreno-Adriático y que este domingo agitó al pelotón un ataque a falta del 90 kilómetros para la meta. El neerlandés, que el pasado mes se anotó la Omloop Niewsblad, es el gran adversario de Pogacar en esta primavera de esprines, rampas y adoquines.
Del Toro cautiva por su descaro y polivalencia. En la ronda de los dos mares supo controlar los contragolpes de Matteo Jorgenson (segundo) Giulio Pellizzari, (tercero) y Primoz Roglic. Marca tendencia y desconoce sus límites. Quizás debería seguir adornando su palmarés lejos de la sombra de Pogacar, que se anotó su primera Trirreno-Adriático en 2021, con 22 años y seis meses (60 días más que el mexicano).
En la clausura de este domingo nunca perdió la compostura a pesar de las acometidas de una rivales que intentaron buscar la debilidad del líder del UAE en los últimos kilómetros de la meta de San Benedetto del Tronto, donde el italiano Jonathan Milan impuso su punta de velocidad. Del Toro quedó cortado en el último tramo por una caída de varios corredores, pero no le contaron tiempo perdido debido a que el incidente se produjo en la zona de seguridad de los últimos tres kilómetros.
Cuando Giancarlo Fisichella cruzó primero la línea de meta en el Gran Premio de Malasia de 2006, ni él ni ningún tifosi podía imaginar que el siguiente vencedor italiano en la Fórmula 1 aún no había nacido. De hecho, pasaron casi seis meses hasta que un matrimonio boloñés, Marco y Verónica, grandes amantes de las carreras, dio a luz a un niño al que llamaron Andrea y al que, por razones que nada tienen que ver con Räikkönen, pusieron de segundo nombre Kimi.
Veinte años después, ese niño ha ganado su primer Gran Premio de Fórmula 1 y se ha convertido en el piloto más joven de la historia en lograr una pole y en el segundo más joven en ganar una carrera. Y, por supuesto, ese niño lloró, porque los pilotos de hoy ya no ven las lágrimas como un signo de debilidad. Son igual de rápidos sin necesidad de mostrarse duros, arrogantes o perfectos. Son capaces de llorar, pedir perdón o reconocer errores.
En Italia corren hoy ríos de tinta especulando con la posibilidad de que Antonelli obre el milagro y sea el elegido para terminar con una sequía de títulos legendaria. Pese a la pasión por las carreras y la presencia constante de un equipo italiano poderoso en la Fórmula 1, ningún piloto italiano ha ganado el campeonato del mundo desde 1953. Giuseppe Farina y Alberto Ascari encendieron la llama a principios de los cincuenta, pero después ese fuego se apagó y nunca volvió a encenderse. Antonelli ha vuelto a coger ahora la antorcha. Mercedes lo lleva preparando desde que tenía 11 años para convertirlo en una estrella. Toto Wolff ha tomado decisiones controvertidas para precipitar su llegada a la Fórmula 1 y a un equipo grande y, ahora, en su segundo año, compite con el coche más rápido, ha ganado su primera carrera y es segundo en el campeonato.
No quisiera echar un jarro de agua fría sobre el entusiasmo de Wolff y de los seguidores italianos, pero hoy poca gente en el paddock apostaría por Antonelli para la victoria final. Su triunfo en China fue la consecuencia de múltiples factores. Por supuesto, el principal fue su velocidad; pero también influyeron el fallo técnico en el monoplaza de George Russell el sábado en clasificación, que los Ferrari se intercalaran entre él y su compañero en la salida, un coche de seguridad que colocó monoplazas entre él y sus únicos rivales directos, o la larga batalla de Russell con los Ferrari. Pese a la victoria del joven italiano, Russell es el favorito: conduce a un nivel extraordinario desde hace tiempo y este debería ser su año.
Mercedes se ha llevado todas las poles y todas las victorias, pero Ferrari ha puesto la emoción. Su ventaja en las salidas aporta la cayena necesaria para que disfrutemos de algo que hacía tiempo no veíamos en la Fórmula 1: alternativas, cambios de posición y batallas que perduran. Los nuevos coches permiten duelos en lugares imposibles, en rincones del circuito donde antes ni se contemplaba la posibilidad de un adelantamiento. La batalla a tres entre Lewis Hamilton, Charles Leclerc y Russell fue el mejor antídoto contra el sueño y el madrugón de China.
Otro aliciente fue comprobar la resurrección de Lewis Hamilton. No sé cómo ni por qué, pero el Ave Fénix más carbonizado que se ha visto en la Fórmula 1 en mucho tiempo ha resurgido de sus cenizas de forma sorprendente. Ha recuperado el hambre, la ambición; vuelve a divertirse, a mostrarse inteligente, calculador y, sobre todo, rápido. Leclerc ya ha probado en sus carnes la nueva versión del viejo campeón, y estoy convencido de que no le gusta. El año pasado vivía más tranquilo cuando Lewis decía públicamente que era un piloto inútil y Leclerc era capaz de derrotarlo casi con una mano. Le endosó un 19-5 en clasificación para hacer más doloroso su calvario. Este año no será igual y, aunque en China las chispas fueron moderadas, esta batalla está llamada a ser una de las grandes del año.
Y hasta aquí las buenas noticias. Mercedes y Ferrari acaparan los titulares positivos. También algunos modestos insolentes como Olli Bearman o Pierre Gasly, que se llevaron un gran botín de puntos. El resto, un desastre.
McLaren ni siquiera comenzó la carrera. Por primera vez en su historia, no fue capaz de disputar un Gran Premio con ninguno de sus dos coches. No cuento Indianápolis 2005 porque fue una decisión previa y solidaria, no algo sobrevenido por un fallo de fiabilidad. Tampoco Bélgica 1966, porque McLaren solo tenía un coche. El campeón del mundo, Lando Norris, es sexto en el mundial, y su compañero Oscar Piastri, duodécimo. No ha tomado la salida ni en Australia ni en China.
Alonso, Sainz...
No fueron los únicos en fallar. Cuatro coches abandonaron antes de arrancar y otros tres se sumaron a la epidemia de retiros ya en carrera: Max Verstappen, Lance Stroll y Fernando Alonso.
Lo de Aston Martin, más de lo mismo. El objetivo era terminar y Alonso solo aguantó 33 vueltas. Las vibraciones eran tan intensas que se le dormían las manos y los pies, y seguir rodando último no tenía sentido. Motor poco fiable, impotente y con la velocidad punta más baja, con diferencia, de la parrilla. Pocas soluciones a corto plazo y, como dijo Fernando, el vaso está vacío.
Algo parecido ocurre en Williams. Carlos Sainz sumó los primeros puntos, pero con un coche que no los merece. De no ser por los abandonos, el tope de Williams habría sido alrededor del puesto 15. En China eran el noveno equipo, y en Japón la historia será muy similar.
La cancelación de Baréin y Arabia Saudí es una mala noticia para todos, pero también supone dos grandes premios menos para arrastrarse. Treinta y dos días sin carreras cuando termine Japón, tiempo suficiente para ver si en las fábricas de Williams y Aston Martin llegan por fin las soluciones que tanto necesitan.